La tercera edición del Centroamérica Mercado Musical llegó a Panamá con una idea poderosa: convertir siete pequeños mercados en una región capaz de hacer que su música se escuche mucho más lejos.
Hay algo especial en entrar a un lugar como el Teatro Amador y descubrir que, dentro de un espacio relativamente pequeño, caben sueños enormes. Eso fue, quizás, lo primero que nos sorprendió de CAMM 2026, Centroamérica Mercado Musical, celebrado en Panamá durante el mes de agosto. Pero hubo una segunda sorpresa: descubrir que este movimiento ya celebraba su tercera edición.
CAMM propone mirar el mapa de otra manera. Panamá, Costa Rica, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Belice pueden parecer mercados pequeños cuando se comparan individualmente con gigantes latinoamericanos como México o Colombia. Juntos, sin embargo, representan una audiencia regional de alrededor de 50 millones de personas.
De pronto, la escala cambia. Ya no se trata únicamente de un artista panameño intentando conquistar nuevos mercados o de un músico costarricense buscando oportunidades fuera de sus fronteras. Se trata de entender a Centroamérica como un ecosistema musical conectado, con una bandera común: la música.
Una Región Que Comienza a Escucharse Diferente
La apertura en el Teatro Amador dejó claro que detrás de esa visión existe una estructura que comienza a ganar relevancia.
La ministra de Cultura de Panamá, Maruja Herrera, reconoció el trabajo realizado por Yahaira Osiris, cofundadora del CAMM. A su intervención se sumaron las voces de los cofundadores y organizadores de Viva Primavera, de Guatemala y Costa Rica, parte fundamental de esta iniciativa regional.
La presencia de Enrique López Hurtado, encargado del Programa de Cultura de la UNESCO, añadió otra dimensión a la conversación: la música no solamente como entretenimiento, sino como cultura, identidad, industria y oportunidad. También estuvo presente Camilo Vega, Managing Director de Altafonte, junto a representantes de instituciones y organizaciones vinculadas a la cultura y a la industria musical.
Más que una apertura protocolar, aquella noche comenzaba a revelar la verdadera dimensión del CAMM: artistas, instituciones e industria sentados en un mismo lugar alrededor de una idea compartida —hacer que la música centroamericana llegue más lejos.
Durante los días siguientes, Panamá reunió artistas, productores, managers, programadores y representantes de organizaciones y compañías internacionales. Entre ellas estuvieron Sony Music Publishing, Billboard, TikTok, Virgin Music Group, Altafonte, Symphonic, Ditto Music y Discos Fuentes, entre muchas otras.
Los números ayudan a dimensionar lo que está ocurriendo. Las estadísticas presentadas durante el encuentro mostraron el crecimiento de las entrevistas, ruedas de negocios y oportunidades de negociación que CAMM ha logrado generar entre artistas centroamericanos y profesionales de la industria.
Y detrás de esos números existe un objetivo muy concreto: sentar frente a frente al talento de la región con quienes pueden ayudar a transformar una conversación en una posible gira, distribución, programación, colaboración o entrada a un nuevo mercado.
Del escenario a nuevas fronteras
La música, naturalmente, terminó de contar la historia.
Artistas panameños como Liz Grimaldo, Afrodisíaco, Entre Nos, Yek Gamboa, Alessandra Clarke y La Tribu compartieron espacio con propuestas procedentes de Guatemala, Costa Rica, Honduras y El Salvador, mientras figuras de amplia trayectoria acompañaron esta nueva generación de talento. Entre ellas encontramos a Carlos Vallarino, quien conversó brevemente con Living Panamá y nos adelantó que muy pronto conoceremos su nuevo álbum.
Quizás allí esté la verdadera importancia del Centroamérica Mercado Musical.
Durante mucho tiempo hemos pensado en nuestros artistas desde países separados y mercados pequeños. CAMM propone algo considerablemente más ambicioso: sumar audiencias, conexiones, escenarios y oportunidades para que Centroamérica pueda presentarse ante la industria internacional con una voz mucho más fuerte.
Por unos días, Panamá se convirtió en ese punto de encuentro y CAMM en una especie de faro de esperanza para el talento centroamericano que busca cruzar fronteras.
Ya no somos Panamá contra el mundo. Somos Centroamérica haciendo que su música encuentre eco en nuevas latitudes.


