En Panamá vivimos un momento especial: cada vez más proyectos culturales empiezan a viajar, a dialogar con otros países y a mostrar lo que somos desde nuestra propia sensibilidad. Uno de esos proyectos fue Umbral, la creación más reciente de la CÍA. Gramo Danse, que se presentó en escenarios de Uruguay, Ecuador y Colombia.
Lo más valioso de Umbral es que nació desde un lugar profundamente humano. La obra exploró cómo los artistas enfrentan el dolor —físico, emocional o mental— y cómo ese mismo dolor puede transformarse en movimiento, reflexión y belleza. Su director, el dramaturgo colombiano Diego Fernando Montoya, trabajó junto a las intérpretes Aixa Góndola, Stephanie Lee y Ximena Eleta de Sierra para construir una pieza honesta, íntima y necesaria. No sorprendió que fuera reconocida por el Fondo Iberescena, un impulso clave para su crecimiento.

La gira incluyó tres paradas importantes: el ciclo (NO TAN) Solos al Mediodía en Montevideo, el Festival Int’l de Artes Escénicas de Guayaquil y el Festival Danza en la Ciudad en Bogotá. En cada espacio, nuevos públicos conectaron con una propuesta que, aunque nació en Panamá, habló un lenguaje universal.
Antes de emprender su viaje, la compañía realizó un ensayo especial el miércoles 22 de octubre, a las 11:00 a.m., en XIELO, donde medios y aliados pudimos asomarnos al proceso creativo que sostuvo la obra. No fue solo una muestra técnica: fue una invitación a comprender cómo se construye un lenguaje propio desde el cuerpo.


Presenciamos una escena profundamente emotiva, llena de sensaciones envolventes y momentos que conectaban directamente con el público. Cada intérprete compartió, desde el movimiento, una historia personal transformada en arte: un dolor convertido en poesía física. Incluso otros artistas participaron dentro de la propuesta escenográfica, aportando elementos que le dieron a la obra un carácter aún más auténtico y propio de Gramo Danse.

Hoy, con la gira ya concluida, celebramos el paso firme que proyectos como este dan por el arte panameño. Umbral cruzó fronteras, abrió conversaciones y dejó claro que en Panamá sí se crea danza contemporánea con visión, sensibilidad y profundidad.



