Panamá lleva tiempo cocinando algo especial. No es nuevo, pero sí cada vez más evidente: la gastronomía se ha convertido en una de las formas más auténticas de contar quiénes somos como país. En los últimos años, y de cara a 2026, esa narrativa empieza a tomar fuerza fuera de nuestras fronteras.

Recientemente, Forbes puso a Panamá en su radar internacional al destacar al país como uno de los destinos gastronómicos imperdibles, reconociendo una cocina que no responde a una sola tradición, sino a muchas. Sabores indígenas, herencias afroantillanas, influencias españolas, asiáticas, del Medio Oriente y caribeñas conviven en una escena culinaria que refleja, plato a plato, la historia de un país hecho de encuentros.
La Ciudad de Panamá, reconocida por la UNESCO como Ciudad Creativa Gastronómica, se ha convertido en el epicentro de esta evolución. Una escena dinámica, accesible y en constante transformación, donde conviven propuestas de alta cocina con conceptos más casuales, sin perder identidad ni carácter.
Ese crecimiento se refleja en reconocimientos internacionales que hoy ponen nombres propios sobre la mesa. Restaurantes panameños como Maito y Cantina del Tigre figuran entre los mejores de la región, mientras que otros proyectos siguen ganando visibilidad por su creatividad, su discurso y su conexión con el territorio. Más que una tendencia pasajera, se trata de una industria que empieza a consolidarse con voz propia.
A este momento se suma la llegada de Fine Dining Table a Centroamérica, una plataforma internacional que eligió a Panamá como punto estratégico para su expansión regional. La gala prevista para marzo de 2026 marca un nuevo hito y refuerza el posicionamiento del país como un referente donde la gastronomía, la cultura y el turismo dialogan de forma natural.

Pero la experiencia panameña no se limita a la capital. El valor de la cocina local también se encuentra en el origen: en el café Geisha de Boquete y Tierras Altas, en el cacao cultivado de forma sostenible en Bocas del Toro, en las cervezas artesanales, los rones, y en las experiencias que conectan al visitante con la tierra, las comunidades y los procesos.
Este reconocimiento internacional no solo celebra la diversidad de la cocina panameña, sino que confirma algo que aquí ya sabemos: Panamá es un destino que se descubre comiendo, compartiendo y entendiendo que la gastronomía es, hoy, una de sus cartas de presentación más poderosas.



